Debido a las inclemencias meteorológicas y a la inestabilidad del tiempo, la Ilustre Hermandad del Arcángel San Rafael se vio obligada a suspender la procesión de la sagrada imagen por las calles de Córdoba. Ante la imposibilidad de realizar el culto externo, la Junta de Gobierno decidió convertir la jornada en un acto de fe íntimo y corporativo.
La corporación se trasladó a la Basílica de San Pedro, templo estrechamente ligado a la historia de la ciudad, para realizar una visita institucional y devocional.
El momento central fue la oración ante las reliquias de los Santos Mártires de Córdoba. Cabe recordar que el Custodio, San Rafael, está íntimamente ligado a estos mártires, ya que fue él quien reveló al Padre Roelas que las reliquias halladas en San Pedro eran auténticas, pronunciando el famoso juramento: «Yo te juro por Jesucristo Crucificado que soy el Ángel Rafael, a quien Dios tiene puesto por custodio de esta ciudad».
La visita subrayó el papel de San Rafael como protector de la ciudad y su relación con el testimonio de fe de los mártires cordobeses.
A pesar de la tristeza por no poder procesionar, el acto sirvió para fortalecer los lazos entre los hermanos y mantener el sentido del día festivo desde una perspectiva más litúrgica y espiritual.
Aunque la lluvia impidió ver la imagen del Arcángel por las calles, la Hermandad cumplió con su misión de dar culto y testimonio, volviendo a las raíces de la devoción rafaelista: la protección de Córdoba y el recuerdo de quienes dieron su vida por la fe en la ciudad.

